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Arqueólogo Raúl Barrera Rodríguez

Director del Programa de Arqueología Urbana (PAU)

 

 

Ehécatl






Es una de las manifestaciones de Quetzalcóatl como deidad del viento. Se le representa por medio de una imagen humana masculina, con máscara roja de ave con pico sobresaliente, ocasionalmente con colmillos y barba escasa.

Una de las misiones encomendadas a este dios, fue ser precursor de la lluvia. Su imponente soplo barría los cielos, los campos y los caminos, dejándolos listos para recibir el beneficio de la lluvia y por consecuencia, la fertilidad de la tierra. Cuando el dios hacía sentir su presencia, provocaba fuertes vientos que causaban temor en las casas, en los bosques y en la selva, a la vez que derribaba árboles y causaba grandes tolvaneras.

La presencia de Ehécatl en el panteón de deidades mexicas, se debe a los dioses creadores; Ometecuhtli (Señor Dos) y Omecíhuatl (Señora Dos), quienes procrearon cuatro hijos: Tezcatlipoca rojo, Tezcatlipoca negro, Quetzalcóatl y Huitzilopochtli, con sus respectivas advocaciones, además de otros dioses como Tláloc, Mictlantecuhtli, Xiuhtecuhtli, Mayahuel y Macuixóchitl.

Como advocación de Quetzalcóatl, se le hacía fiesta en la veintena Etzalcualiztli. Ésta era presidida por sacerdotes y devotos a quienes se les llamaba quequetzalcoa, que se distinguían por llevar consigo adornos de la deidad.

En otras regiones de Mesoamérica y aún entre algunos grupos étnicos actuales, a esta deidad se le conoce como Kukulkán entre los mayas; Cuchulchan, entre los tzeltales en Chiapas; Gucumatz, entre los quichés y cakchiqueles de Guatemala.

Los ehecatontin o vientos del rumbo del universo

Los ehecatontin, son vientos auxiliares que se producen en los cuatro rumbos del universo. Los del este, Tlalocayotl, vientos que provienen del Tlalocan, eran propicios para la navegación por su suavidad y tibieza, no eran dañinos, al contrario, eran benéficos para los humanos y la agricultura; los del norte, Mictlampa ehécatl, vientos de la región de los muertos, impetuosos hasta el grado de hundir las canoas; los del oeste, Cihuateocáyotl o Cihuatlampa ehécatl, vientos del lugar de las mujeres, donde residen las cihuapipiltin, eran fríos y moderados, aunque también podían destruir vidas con su frialdad penetrando las casas; los del sur, Huiztlampa ehécatl, vientos del lugar de las espinas, de tremenda furia que son capaces de levantar a los hombres hasta casi tocar el cielo, producen intenso oleaje, elevan y hunden las embarcaciones, derriban árboles y destruyen casas.

Templos dedicados a Ehécatl 

Diversas fuentes del siglo XVI hacen referencia a los templos dedicados al dios del viento y de sus atributos. Cronistas como Fray Diego Durán y Fray Juan de Torquemada, lo describen como un basamento alto que servía de base a un edificio redondo. La entrada al templo, era en forma de las fauces de una serpiente.

En diversas partes de Mesoamérica, se han localizado templos dedicados al dios del viento. En su mayoría, son de planta mixta compuestos por un basamento rectangular y un adosamiento circular en su parte posterior. Para el caso de los mexicas se han hallado cinco templos y un altar: uno en Malinalco con su acceso en forma de boca de serpiente, dos en Tlatelolco, dos en Tenochtitlan y un adoratorio en el Metro Pino Suárez. Cabe señalar que tanto los templos de Tlatelolco como los de Tenochtitlan están ocupando lugares similares dentro del recinto ceremonial de cada una de estas ciudades. En su mayoría, los edificios están orientados con su fachada principal viendo hacia el oriente.

Orientación de los templos dedicados a Ehécatl y su simbolismo

Por lo general, aparecen orientados hacia el este, por donde sale el sol, esto seguramente se debe a que en el relato del mito del nacimiento del Quinto Sol en Teotihuacán, los dioses se preguntaron por dónde saldría el astro después del sacrificio de Nanahuatzin, quien se convierte en sol. Entre las deidades que atinan a que esto va a ocurrir por el rumbo oriental del universo están Xipe y Ehécatl. Dice así el relato:

“Algunos pensaron que habría de salir hacia el rumbo de los muertos, el norte, por eso hacia allá se quedaron mirando. Otros, del rumbo de las mujeres, el poniente. Otros más, de la región de las espinas, el sur, hacia allá se quedaron mirando. Por todas partes pensaron que saldría porque la claridad de la luz lo circundaba todo.

Pero algunos hacia allá se quedaron mirando, hacia el rumbo del color rojo, el oriente. Dijeron:

-En verdad de allá, de allá vendrá a salir el Sol.

Fue verdadera la palabra de éstos que hacia allá miraron, que hacia allá señalaron con el dedo. Como se dice, aquellos que hacia allá estuvieron viendo fueron Quetzalcóatl, el segundo nombrado Ehécatl y Tótec o sea el señor de Anáhuatl y Tezcatlipoca rojo” (Códice Matritense del Real Palacio, 1971).

            Es posible que la forma circular del templo y su acceso en forma de boca de ofidio, representen a la serpiente enroscada con su cabeza en la parte alta del basamento, ya que Quetzalcóatl es la Serpiente Emplumada.

Adoratorio a Ehécatl (Metro Pino Suárez)

Esta estructura formó parte de un extenso centro ceremonial mexica. El área se exploró entre 1967 y 1970 bajo la coordinación de los arqueólogos Jordi Gussinyer y Raúl Arana, originalmente constaba de un patio de grandes proporciones, escalinatas en tres de sus lados, varios adoratorios colocados al centro, cuartos habitacionales conectados entre sí por pasos exteriores, canales y muros, que constituían un corredor de acceso de la calzada de Iztapalapa hasta Tenochtitlan.

            El monumento tiene dimensiones de 10.70 metros por 7.60 metros por lado y 3.70 metros de altura. Data del año 1400 a 1521 d.C. y en su núcleo, se detectaron algunas ofrendas entre las que sobresale una escultura conocida como “La monita”. Se trata de la representación de un mono (ozomatli) policromado en rojo y negro, porta máscara bucal del dios del viento Ehécatl, además de dos serpientes: una enroscada en su base y otra que se convierte en la cola del primate.

El adoratorio cuenta con cuatro etapas constructivas, es de base circular y en su parte superior, debió ir colocada la imagen de la deidad.