Del códice al mural

Autor: Guillermo Ceniceros
Técnica: Acrílico/Fibra de vidrio
Superficie en M2: 600
Estación: Tacubaya, Línea 1

 

Este trabajo se llama “Del Códice al Mural”; es la síntesis de 2 códices: el Ramírez y el Boturini, y plasma la peregrinación de los mexicanos, desde su salida de Aztlán hasta que llegaron al Valle de México para fundar Tenochtitlán.


 En este muro podemos ver las siete cuevas, en forma de siete círculos, con las tribus originarias que salieron de Aztlán.


En ese otro muro podemos ver las figuras de los cuatro líderes, guías o brujos… el primero de los cuales carga sobre su espalda al Dios Colibrí.

Aquí, Huitzilopochtli convence a los guías para que se detengan; ellos se desconciertan porque, además, ven cómo un rayo parte el tronco que destruye a su adoratorio.


En el trayecto de su peregrinación, los mexicanos van aprendiendo: descubren cómo realizar diversos oficios, cómo hacer para obtener su comida de la tierra y, desde luego, aprenden a cazar, lo que después les enseñaría el arte de la guerra.


En este mismo muro se puede ver la cabeza de una serpiente, cuyos cascabeles se ubican en el principio del trayecto y que, luego, sin dejar de ser serpiente, símbolo de la fertilidad, sirve como sustento del paisaje. Es importante resaltar que, tal como ocurre en esta obra, la serpiente se mimetiza con el color de la tierra, por lo que este reptil es en el mural como es en su medio ambiente.


Aquí podemos ver lo que luego se convertiría en el símbolo de nuestra nacionalidad: el anuncio de Huitzilopochtli se plasma en una laguna y en el águila que sobre las rocas de un islote está a punto de agarrar una tuna: un poco fruta y otro poco corazón.


Este es un muro en el que represento a los primeros gobernantes de México; son los Tlatoanis que dieron la pauta para que nuestra nación comenzara a formarse.



Tlacaélel, que ha sido definido como el “azteca entre los aztecas”, es, de hecho, a quien se le debe la triple alianza… aquí vemos a Izcóatl representante de Tenochtitlán, Nezahualcóyotl representante de Texcoco y Totoquiátzin representante de Tacuba.


En este muro se puede ver a Coatlicue, la Diosa de la Tierra, con su hijo el sol, Huitzilopochtli, ya convertido en el Dios de la Guerra; Huitzilopochtli nació armado para vengar la afrenta de Coyolxauhqui, la Luna, su enemiga de todos los días. En segundo plano vemos el Templo Mayor, tal como yo me lo imagino en su esplendor.


En el final de la narración se puede ver a Quitzalcóatl, que representa a la vida, y a la sabiduría, dándole la espalda a Tezcatlipoca, uno de los creadores del universo mexica. Abajo vemos a Mictlantecuhtli, Dios del inframundo.


Una vez representando el trayecto de los mexicanos hacia Tenochtitlán, he querido plasmas otras de mis inquietudes con respecto al mundo pre-hispánico; por ejemplo, este lanzador de Atlatl tiene un doble significado: representa al mexicano cazador guerrero y también al punto Atlacuihuayan en el cual se originó su arma.


Este es puente por el que se pasa de un muro a otro; en él se han puesto las figuras de Chacmool, como una forma de conectar a la cultura mexica con la cultura maya.


En esta área tenemos la imagen de Maquina Pakal, un personaje Maya descubierto en su tumba: El Templo de las Inscripciones. Cabe recordar que la máscara del Señor de Palenque fue sustraída del Museo Nacional de Antropología en Diciembre de 1985.



He querido representar a deidades conectadas entre sí, como lo son:

Ehécatl, Dios del Viento, algunas veces advocación de Quetzalcóatl;


Tláloc, Dios de la Lluvia hacedor del licor de la tierra;




Chalchihuitlicue, Dios de las Aguas Vívas…se puede decir que los ríos corren por sus venas fertilizando la tierra.


Xilonen Diosa del Maíz Tierno.


Mayahuel, Diosa del Pulque.


Este es un muro que se ve desde el Metro y que, a la velocidad del vagón, deberá captarse en vista relámpago una serpiente acuática que se desliza tras de unos carrizales.


Hay un pequeño muro dedicado a la máscara de Tezcatlipoca; es una máscara de un cráneo de verdad recubierto de piedras verdes, negras y blancas, que se encuentra en el museo Británico y que fue regalada por Moctezuma a Hernán Cortés.

El Mural abarca un poco más de 600 m, si se cuentan dos muros pequeños en los que se muestran la distribución de los lagos y ciudades en torno a Tenochtitlán.